Blog escrito por el equipo de coordinación y facilitación del Grupo de Trabajo del MSCPI sobre la Construcción de Sistemas Alimentarios Resilientes.
En los días que quedan, ¿cuánto avanzará este Comité basado en derechos humanos hacia una comprensión de la resiliencia hecha por y para los titulares de derechos, quienes más se ven afectados por las crisis mundiales, y quienes producen la mayor parte de los alimentos del mundo?
El 6 de julio, delegados y delegadas del MSCPI se reunieron en Roma para lo que se pensaba sería la ronda final de negociaciones sobre las Recomendaciones de Política del CSA sobre la Construcción de Sistemas Alimentarios Resilientes. Cinco días después, el viernes 10 de julio, la semana concluyó sin un texto acordado. La cita inicial, de Precious Phiri, integrante del Comité de Coordinación del MSCPI y agricultora de pequeña escala de Zimbabue, refleja la frustración generalizada que muchos y muchas experimentamos a lo largo de este proceso de negociación. Este blog parte de las palabras de Precious para dar cuenta de lo ocurrido en las negociaciones de política sobre Sistemas Alimentarios Resilientes, de los desafíos más amplios que, como MSCPI, hemos enfrentado en este proceso, y de lo que esto significa para el CSA y para otros espacios inclusivos que abogan por el derecho a la alimentación.
Antes de continuar, una nota de aprecio, gratitud y agradecimiento sincero a la delegación del MSCPI, a las y los integrantes del grupo de trabajo, al equipo de coordinación y facilitación, a la secretaría, y a las aliadas y aliados que han apoyado este proceso de convergencia de políticas. La resiliencia es un tema amplio y entendido de formas diversas, y construir puntos en común al respecto ha exigido un proceso genuinamente deliberativo y abierto dentro del propio MSCPI. Ese proceso se ha desarrollado en línea, a través de las llamadas del Grupo de Trabajo (GT), y durante largas horas en un entorno de alta tensión en Roma, donde momentos tensos y conversaciones difíciles se sumaron a la presión que cada persona ya cargaba. Este es exactamente el tipo de espacio que el MSCPI busca ser: uno que reúne diferentes voces, perspectivas y experiencias, reconociendo que es precisamente esta diversidad la que arraiga los planteamientos colectivos del MSCPI en la realidad cotidiana de las personas titulares de derechos. Un reconocimiento especial a todas las personas que han participado activamente apoyando este GT: a pesar de los desafíos externos y de la reticencia de los Estados Miembros, el MSCPI mantuvo vivas las experiencias de resiliencia en la sala, y puede avanzar hacia los próximos pasos de este proceso con orgullo por lo logrado, en un contexto cada vez más adverso para el multilateralismo.
La “reticencia” de un grupo de Estados Miembros refleja fracturas más amplias en la geopolítica global, con un impacto directo en la gobernanza alimentaria mundial. A pesar de que el CSA ha dedicado más de una década a construir consenso sobre las distintas consideraciones necesarias para la realización del derecho a la alimentación, como la agroecología, el acceso y control sobre los recursos naturales, los mercados territoriales, la igualdad de género, entre otras, algunos Estados Miembros se negaron a aceptar lenguaje previamente acordado.
En cambio, buscaron reducir, diluir y debilitar activamente la fuerza del lenguaje de políticas sobre la mesa. Lo que agravó la frustración del MSCPI fue que, sin importar cómo presentáramos nuestros argumentos, estos no fueron escuchados por varios Estados Miembros: podíamos citar lenguaje ya acordado, podíamos recurrir a los testimonios de las personas titulares de derechos recopilados por el MSCPI, podíamos intentar plantear argumentos racionales y pragmáticos: se trazaron posiciones no negociables sin importar las obligaciones de derechos humanos existentes, el lenguaje del CSA previamente acordado, o las recomendaciones científicas del propio órgano de expertos del CSA, el GANESAN.
Esto incluyó la erosión activa del lenguaje basado en derechos, entre ellos, los esfuerzos por debilitar el derecho a la alimentación en contextos de conflicto y ocupación, y una reticencia a denunciar el uso de los alimentos como arma de guerra. Esto también se vio en la conflación de la agroecología con otras “innovaciones”, en la promoción de las obligaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) por encima de cualquier otra consideración, y en el descarte de temas centrales del informe del GANESAN sobre la construcción de sistemas alimentarios resilientes.
Sobre la agroecología y las “otras innovaciones” (frente a lo cual cabe decir que la sola aceptación por parte del MSCPI del término “otras innovaciones” ya fue en sí misma una concesión), algunos Estados Miembros insistieron en emparejar la “intensificación sostenible” junto a la agroecología cada vez que esta aparecía en el texto. Sin argumentos técnicos convincentes, descartaron de forma generalizada el papel transformador que puede desempeñar la agroecología y su contribución demostrada a la resiliencia, lo que refleja el arraigo político cada vez mayor de la agricultura industrial y los intereses corporativos en el panorama de la gobernanza alimentaria mundial.
También hubo un esfuerzo por parte de los Estados Miembros por debilitar los derechos de los Pueblos Indígenas. El sector de Pueblos Indígenas dentro de la delegación del MSCPI demostró un trabajo incansable y bien articulado durante las negociaciones, apelando directamente a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (DNUDPI), a la Asamblea General y al lenguaje ya acordado sobre los derechos de los Pueblos Indígenas, frente a la preocupante tendencia a debilitar 30 años de lucha por el reconocimiento de sus derechos. La coma en el texto entre “Pueblos Indígenas” y “comunidades locales”, que ha representado la ajustada concesión que permite el reconocimiento de los derechos específicos y diferenciados de los Pueblos Indígenas bajo el derecho internacional, ha sido cuestionada nuevamente este año en el CSA, convertida en una posición no negociable por parte de algunos Estados (que no desean ver a los Pueblos Indígenas reconocidos dentro de sus propias fronteras).
El mismo intento de erosión se aplicó al derecho al Consentimiento Libre, Previo e Informado, reconocido por el derecho internacional de los derechos humanos específicamente para los Pueblos Indígenas. El tiempo excesivo dedicado por un puñado de Estados Miembros a intentar reabrir el lenguaje ya acordado por la Asamblea General de las Naciones Unidas hace difícil no leer esta activa supresión de los derechos de los Pueblos Indígenas como una tendencia que pone en riesgo el flujo de trabajo del CSA previsto para el próximo año sobre los sistemas alimentarios y de conocimiento de los Pueblos Indígenas.
Todo esto refleja un patrón más amplio: un ataque, por parte de algunos Estados Miembros, contra las personas titulares de derechos, los procesos democráticos y los espacios inclusivos. En lugar de avanzar en la comprensión de la resiliencia de los sistemas alimentarios, existió la percepción compartida de que la sala corría el riesgo de retroceder en algunos de los fundamentos mismos de las Naciones Unidas, incluido el derecho de toda persona a vivir libre de hambre.
También hay otros ejemplos observados a lo largo del proceso de negociación que muestran con claridad la profunda división en la manera en que algunos Estados Miembros entienden la resiliencia misma. Decimos “algunos” de manera deliberada, en reconocimiento de aquellos Estados que continúan abogando por el derecho a la alimentación, por la participación del MSCPI, y por el papel del CSA. Pero entre quienes empujaron en la línea opuesta, observamos un énfasis constante en el comercio internacional y las obligaciones de la OMC, a pesar de que acontecimientos recientes, desde la guerra en el Estrecho de Ormuz hasta la COVID-19, han dejado al descubierto lo verdaderamente frágil que es un sistema alimentario construido sobre la dependencia del comercio global. A esto se sumó un preocupante desinterés por los conceptos centrales del informe del GANESAN: la “resiliencia equitativamente transformadora” (RET) y la “agencia”, ambos fundamentales para garantizar el cumplimiento del derecho a la alimentación, pero que permanecen prácticamente ausentes del texto negociado.
Esto es solo un vistazo de lo que ha sido, hasta la fecha, un proceso de negociación intenso, agotador y prolongado. Pero, ¿qué significa todo esto? La intervención de Precious capturó el cansancio y la frustración que el MSCPI, junto con algunos Estados Miembros que comparten esta posición, sienten en este proceso: lenguaje ya negociado tratado como si fuera nuevamente controvertido, obstrucción sostenida por parte de algunas delegaciones, y lenguaje basado en derechos erosionado y cuestionado a lo largo de todo el texto. Sigue siendo objeto de discusión activa dentro de la Mesa y el Grupo Asesor del CSA si las negociaciones sobre las recomendaciones de política de Construcción de Sistemas Alimentarios Resilientes concluirán antes del CSA 54 en octubre, o si se extenderán hasta 2027.
Por ahora, el Grupo de Trabajo se ha comprometido a permanecer en este proceso: seguiremos abogando por un lenguaje sobre resiliencia que defienda los derechos y represente a las personas titulares de derechos.
Sin embargo, debemos seguir haciéndonos las preguntas difíciles: en un panorama político global que ignora y desafía abiertamente, día tras día, el estado de derecho, los derechos humanos y las normas internacionales, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que nuestras prioridades sean ignoradas y socavadas?
“Nada sobre nosotros sin nosotros” sigue estando en el corazón del MSCPI: ¿cuánto sigue siendo esto una realidad en el CSA?
*El Panel de Expertos de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria y Nutrición (GANESAN) es el vínculo independiente entre la ciencia y las políticas del Comité de Seguridad Alimentaria (CSA), y aporta evidencia y perspectivas interdisciplinarias para fundamentar las negociaciones del CSA. Su informe Construcción de sistemas alimentarios resilientes sentó las bases para el proceso de convergencia de políticas del CSA que se analiza en este texto. Disponible en: https://www.fao.org/cfs/cfs-hlpe/publications/hlpe-20
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- Mira la declaración de Precious Phiri durante las negociaciones del CSA en julio de 2026.
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