Svetlana Boicean, de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines, y participante del MSCPI, hizo la siguiente declaración durante el punto del orden del día de la Sesión Plenaria 52 del CSA sobre la Promoción del trabajo decente en la agricultura y los sistemas alimentarios.

Estimados miembros del CSA:

Las directrices de la OIT para la promoción del trabajo decente en el sector agroalimentario se basan en la normativa laboral internacional aprobada en los últimos 100 años en la OIT.

Me gustaría que nos centráramos en el Capítulo 2, que versa sobre los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Hay que producir alimentos garantizando el derecho de los trabajadores a la libertad de asociación y el derecho a la negociación colectiva. Hay que producir alimentos sin trabajos forzados, sin trabajo infantil, sin discriminación y con respeto por el derecho de los trabajadores a un entorno de trabajo seguro y saludable.

Los 184 miembros de la OIT, con independencia de si han o no ratificado estos convenios, tienen que demostrar avances en la promoción y el respeto de los principios contenidos en ellos. Estos derechos fundamentales se mencionan en una serie de documentos de política del CSA, como la IAR, y en otros documentos como las directrices de la OCDE para empresas multinacionales, los códigos de conducta corporativos y la legislación laboral de los países.  

Por desgracia, millones de trabajadores siguen sin tener acceso a estos derechos en la práctica. Muchas de las personas que trabajan en la agricultura siguen viéndose excluidas de la normativa laboral y la protección social. Pocos trabajadores agrícolas quedan al amparo de los acuerdos de negociación colectiva. Solo el 5% de quienes trabajan en agricultura tienen acceso a un sistema de inspección laboral o a la protección legal de su derecho a la salud y la seguridad. Los trabajadores del sector agrícola y alimentario se cuentan entre las personas más hambrientas y malnutridas del mundo. La producción de alimentos sigue estando en manos de muchos trabajadores con salarios inferiores a 2 USD al día. 

Existe un déficit de trabajo decente en la agricultura. Se producen alimentos gracias a millones de trabajadores atrapados en situaciones de trabajo forzado junto a otros 112 millones de niños. El 70% de todo el trabajo infantil se da en la agricultura. Niños y niñas trabajan porque sus progenitores son pobres. Debería haber una mejor distribución del valor a lo largo de la cadena de suministro para que los productores agrícolas a pequeña escala reciban un precio justo por sus cultivos, así como para que los trabajadores a sueldo cobren un salario mínimo vital. Aprendimos en la práctica que el trabajo a destajo y los sistemas salariales por cuotas fomentan el trabajo infantil. Las elevadas cuotas diarias por unidad obligan a los trabajadores a ir más allá de su límite físico, y los niños de los trabajadores ayudan a sus padres a cumplir con esas cuotas diarias para no perder el trabajo. 

La agricultura se considera uno de los 3 sectores más peligrosos en los que trabajar. Quienes trabajan en la agricultura se lesionan en su lugar de trabajo e incluso llegan a morir debido a consecuencia de los plaguicidas, la maquinaria, los riesgos biológicos y el calor extremo. 

Los trabajadores agrícolas fueron reconocidos como trabajadores esenciales durante la pandemia de COVID-19. Cuando enferman, la empresa cierra y se corre el peligro de que el suministro de alimentos quede interrumpido. La propagación actual de la gripe aviar en las explotaciones lácteas supone un riesgo para la salud de los trabajadores. Solo durante este mes, hubo 6 casos confirmados de gripe aviar entre trabajadores del sector lácteo. En el documento de políticas del CSA sobre la agricultura sostenible y el papel de la ganadería, acordamos garantizar que las condiciones laborales y de vida de los trabajadores en todas las etapas de producción, transformación y distribución cumplan los convenios de la OIT y estén protegidas por leyes internas. Es esencial proteger la salud y la seguridad de los trabajadores de explotaciones avícolas y lácteas para proteger la salud pública. Al principio es un problema en un lugar de trabajo, pero después se convierte en un problema de salud pública. 

Nuestro planeta se está calentando, el calor extremo es un riesgo en el lugar de trabajo y se convierte en un asesino invisible para los trabajadores agrícolas. Trabajadores y trabajadoras mueren por estrés térmico en los países en desarrollo y en los desarrollados. En el documento de políticas del CSA sobre la contribución del agua a la seguridad alimentaria y la nutrición, acordamos proporcionar “acceso a agua potable para los trabajadores en el lugar de trabajo”. Para que los trabajadores agrícolas puedan producir los alimentos y sobrevivir a las jornadas de trabajo, deben tener acceso a suficiente agua potable, disponer de sombra y contar con un mayor número de pausas para refrescarse. 

Los alimentos cuestan dinero. El pago de salarios mínimos vitales es fundamental para garantizar que los trabajadores agrícolas puedan obtener suficientes alimentos nutritivos para sí mismos y sus familias. En los documentos normativos del CSA, acordamos que a los trabajadores agrícolas había que pagarles salarios vitales adecuados. 

Estimados miembros del CSA, no basta con reconocer en el Comité la importancia de respetar los derechos fundamentales de los trabajadores del sector agrícola y alimentario. Necesitamos que se apliquen las normas laborales en la práctica y amparar a los trabajadores agrícolas a través de las legislaciones laborales y las normas de protección social. 

Debemos utilizar las directrices de la OIT como el manual básico para comprender las normas laborales a la hora de aplicar las políticas alimentarias y agrícolas, además de usarlas como hoja de ruta para hacer realidad el trabajo decente en el sector agrícola y alimentario. 

 

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