La sesión plenaria 52 del CSA realizó un foro para debatir las formas de movilizar a los actores del CSA para la implementación de las Directrices voluntarias sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y niñas (GEWGE), adoptadas en 2023. El foro también exploró cómo este documento político puede servir de herramienta práctica para la formulación de políticas a escala regional, nacional y local. Paula Gioia (Alemania/Brasil, La Vía Campesina) integrante del Comité de Coordinación del MSCPI y co-coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Mujeres y Diversidades de Género del MSCPI, pronunció el siguiente mensaje durante el foro.

Gracias a la Secretaría por comprometerse y actuar tan solo un año después de la aprobación de las directrices en este Foro para la Adopción, así como por dar espacio al MSCPI para que compartamos nuestras opiniones y nuestros compromisos. 

Estas Directrices de Género fueron celebradas en esta sesión plenaria como un logro innovador y transformador para el CSA cuya consecución se llevaba esperando desde hacía tiempo. Sin embargo, sobre el terreno no hemos visto avances destacables a la hora de abordar y solventar las causas primordiales de las desigualdades de género que afectan al derecho a la alimentación y la nutrición de mujeres, niñas, personas queer, transgénero, de género no binario, lesbianas, intersexuales, homosexuales y bisexuales. 

El contexto actual de múltiples crisis interconectadas, exacerbado por ocupaciones, guerras y conflictos brutales en Palestina, Líbano, Sudán, Yemen o Ucrania, entre otros lugares, exige que coloquemos de manera urgente la perspectiva de la justicia de género en el centro de nuestra agenda política, de nuestras deliberaciones y nuestras medidas. El uso y la aplicación de las Directrices de Género del CSA tienen que llevarse a la práctica real de manera inmediata. Cada uno de nosotros y nosotras, como integrantes cruciales de este comité de múltiples partes interesadas de las Naciones Unidas, tenemos que desempeñar una función específica a nivel local, nacional, regional y mundial con nuestras dotes, competencias y relaciones para velar por la implantación de las directrices. 

Pese a que la complejidad de los retos actuales es abrumadora, la receta para que estas Directrices cobren vida y no acumulen polvo sin más en los archivos del CSA es clara y sencilla: 

  • voluntad política y acción, tanto por parte de los gobiernos como de los organismos con sede en Roma;
  • iniciativas conjuntas de una amplia variedad de agentes; y
  • medios financieros sustanciosos. 

Dejar estas Directrices en un cajón equivaldría a seguir negando su existencia, y sería una de las formas más crueles de practicar el patriarcado institucional y estructural. Y no queremos eso, ¿verdad?

El grupo de trabajo de mujeres y diversidades de género del MSCPI es un espacio de inclusión y cuidados. Hemos ido creciendo y aprendiendo como grupo desde mucho antes de que diera comienzo la línea de trabajo del CSA sobre género. Hemos ido construyendo lazos profundos entre mujeres y personas con diversidad de género de distintos orígenes geográficos y raciales y distintas identidades como campesinado, pueblos indígenas, diversidad funcional, personas más y menos jóvenes, feministas, cuidadores y cuidadoras, supervivientes, dirigentes de movimientos sociales, defensores y defensoras del medio ambiente… Es algo precioso, poderoso, algo que importa de verdad.

Estuvimos en las negociaciones tras sufrir un revés a mitad de camino. Por ese motivo, consideramos que las Directrices no son más que el punto de partida para avanzar de forma colectiva. Sabemos que nuestra participación activa marca una diferencia tremenda. A partir de ahora, pongámonos de acuerdo para que nadie dé un paso atrás.

El MSCPI está preparado y se compromete a integrar las Directrices en nuestros territorios. Ya estamos elaborando herramientas, entablando una colaboración con el equipo de Género de la FAO, preparando talleres regionales y desarrollando metodologías para un manual popular que hable de las dificultades localizadas a las que se enfrentan nuestros sectores y colme las carencias de las Directrices. Lo hacemos poniendo en ello toda nuestra energía, y con el ínfimo apoyo financiero de nuestras organizaciones, que de por sí reciben ya una financiación insuficiente. 

Ahora esperamos un compromiso firme de los Estados miembros y las organizaciones internacionales. También tenemos puestas grandes expectativas en que estas Directrices rompan la compartimentalización institucional, aprovechando la ocasión del Año Internacional de la Agricultora para que, entre otras plataformas, lleguen a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, la CMNUCC, el CDB y la OMS. La iniciativa de Colombia de proponer una CIRADR+20 nos brinda otra oportunidad de conectar la adopción de las Directrices de Género con una mayor adopción de las Directrices sobre la Tenencia, las Directrices sobre del Derecho a la Alimentación y otros productos del CSA. Situando siempre en el centro a las personas titulares de derechos, esperamos poder articular agendas estratégicas como el cambio climático, la justicia racial, la justicia de género y el control de la captura corporativa. 

Por último, no nos olvidemos de aplicar las Directrices dentro del propio CSA. Los próximos procesos deben basarse en ellas y hay que seguir avanzando en los derechos de género, también en el seno del CSA. 

Les hacemos un llamamiento para que respalden y busquen sinergias con nuestros procesos autónomos de difusión de las Directrices sobre Igualdad de Género. 

¡Nosotres existimos! Y exigimos igualdad y equidad de género con el fin de hacer realidad el derecho a la alimentación para todo el mundo.

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