Declaración en la cuadragésimo octava Sesión plenaria del CSA 

Estimadas y estimados participantes del CSA,

Intervenimos aquí para compartir con ustedes algunas reflexiones iniciales sobre las recomendaciones políticas del CSA sobre enfoques agroecológicos y otros enfoques innovadores que acabamos de concluir.

En primer lugar, el MSC no está en condiciones de anunciar en este momento su posición formal sobre el documento final. Solicitamos que esto pueda ser debidamente reflejado en el informe final de esta sesión plenaria, como se hizo para el informe final de la 47ª sesión respecto a las Directrices Voluntarias sobre Sistemas Alimentarios y Nutrición.

El MSC está compuesto por un amplio abanico de sectores. Para todos ellos la agroecología está en el centro de su trabajo diario, de su vida, así como la visión de enmarcar un sistema alimentario sostenible y centrado en los derechos humanos.

El texto se puso a disposición en todos los idiomas sólo un par de días antes de esta Plenaria, y muchas de nuestras organizaciones participantes en el MSC no han tenido tiempo suficiente para examinar el documento en su idioma ni para mantener un debate adecuado dentro de sus respectivos órganos de dirección, que es un paso necesario en sus procesos de gobernanza democrática para llegar a una decisión colectiva final.

Además, se necesita más tiempo para examinar el documento en su totalidad y evaluar hasta qué punto puede cumplir las prioridades básicas que anunciamos públicamente en muchas ocasiones, antes y durante el proceso de negociación.

No obstante, nos gustaría compartir algunas observaciones preliminares para contribuir al debate de hoy.

Nos gustaría reconocer el cambio de entorno que ha caracterizado este proceso de negociación. Reconocemos el compromiso del Relator de luchar por una negociación más inclusiva y participativa y el esfuerzo por conseguir el mayor tiempo posible a pesar de la increíble presión de tiempo.

Sin embargo, también reiteramos que el tiempo era un problema que teníamos los medios y la posibilidad de superar.  El MSC ofreció una serie de opciones que la mayoría de los gobiernos no quisieron considerar. Tenemos que reconocer que la presión del tiempo limitó mucho la capacidad y la necesidad de mantener un debate mucho más largo y serio sobre muchos aspectos de las recomendaciones. Si hubiéramos tenido ese tiempo, probablemente habríamos llegado a un resultado más satisfactorio. El compromiso forma parte de la negociación, pero con demasiada frecuencia este compromiso se vió forzado por las limitaciones de tiempo y no por un proceso adecuado de creación de consenso, a pesar de la gran paciencia y la sabia gestión del Relator.

Acabamos teniendo sesiones sin interpretación. Esto supuso una barrera estructural y severa que dificultó la participación de muchos de los delegados de nuestro movimiento social. Esto se sumó a las ya conocidas limitaciones que la modalidad virtual aporta a un proceso de este tipo. Los movimientos sociales se ven desafiados por los problemas de conectividad, las diferencias horarias así como las serias dificultades para seguir los cambios de texto en una pantalla sólo en inglés.

A pesar de todas estas limitaciones, queremos agradecer de nuevo al Relator por su esfuerzo para que esta negociación fuera más inclusiva y respetuosa con el MSC que el proceso de negociación de las Directrices voluntarias sobre sistemas alimentarios y nutrición. También queremos agradecer al equipo técnico por su guía y apoyo constantes, y reconocer el papel que han jugado varios Estados Miembros en algunos momentos críticos para facilitar el consenso sobre la importancia de la transición agroecológica.

En cuanto al contenido, reconocemos el hecho de que algunas de las recomendaciones destacan algunos elementos importantes y críticos de la agroecología, tal y como se recoge en los diez elementos de la FAO y en el informe del GANESAN.

Sin embargo, debemos destacar cómo, a pesar de que fuera el MSC quien propusiera al CSA desarrollar un proceso de políticas sobre la agroecología, éste se transformó en un proceso completamente alejado de nuestra propuesta inicial. Actualmente, en las recomendaciones políticas, la agroecología se combinan con enfoques exactamente opuestos, forzando un discurso combinado. El GANESAN abordó ese tema tan complejo y ofreció un marco de evaluación de políticas que fue completamente ignorado, mientras que el conocimiento ancestral y tradicional de los pueblos y comunidades indígenas fue reiteradamente marginado en nombre de la ciencia y de las políticas basadas en la evidencia.

Tuvimos que dedicar una parte importante de nuestros esfuerzos a controlar los daños. En algunos casos funcionó, aunque el resultado es que las recomendaciones resultantes no suponen un retroceso pero tampoco generan un avance.

Estamos confusos y profundamente decepcionados al comprobar que hemos tenido que luchar para que el lenguaje sobre los derechos humanos, los derechos de las mujeres y los derechos de los campesinos y de las personas que trabajan en zonas rurales esté presente en los textos del CSA. El CSA fue reformado con el mandato de lograr la realización progresiva del derecho a la alimentación y es absolutamente inaceptable para nosotros que el CSA no asuma la interconexión del derecho a la alimentación con los derechos de las mujeres y de quienes producen la mayor parte de los alimentos. Este es el espacio en el que estos derechos deberían celebrarse y en el que estos derechos deberían informar todos los resultados de las políticas del CSA. El hecho de que esto no esté ocurriendo es muy preocupante, tanto ahora como para el futuro del CSA.

Por último, pero no por ello menos importante, hay algunos puntos en las recomendaciones que son completa e intrínsecamente contradictorios con la agroecología, como el uso de fertilizantes y pesticidas químicos, por mencionar sólo uno.

La agroecología es una forma de salir de la dependencia de los insumos externos. El hecho de que estas recomendaciones fomenten la optimización del uso y el riesgo de los plaguicidas socava no sólo nuestros objetivos y esfuerzos de defensa de la salud, los medios de vida y las preocupaciones de supervivencia de los agricultores campesinos y familiares, los pueblos indígenas, los trabajadores agrícolas y otros productores de alimentos a pequeña escala que han practicado la agroecología durante siglos, sino que también contradice los acuerdos existentes de la ONU, los marcos políticos y las directrices acordadas en relación con la gestión de los plaguicidas y los productos químicos. Además, bloquea las aspiraciones que escuchamos de varios estados miembros de hacer una transición completa a la agroecología, alejándose de las dependencias químicas dañinas que interfieren con el derecho humano a un medio ambiente sano y a ecosistemas saludables.

El MSC reitera su compromiso y actitud constructiva hacia el CSA, y hacia el proceso de evaluación de las recomendaciones políticas del CSA, y nos comprometemos a compartir con ustedes el resultado de nuestro análisis tan pronto como lo hayamos completado.

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