Poner fin a esta guerra ahora también terminará con la posibilidad de que surja un nuevo estrato en la crisis alimentaria mundial,

La tragedia humana generada por la guerra en Ucrania ha llevado al Grupo asesor del Mecanismo de la sociedad civil y los pueblos indígenas (MSC) a consultar a los miembros del MSC de Ucrania y los países vecinos para escuchar sus testimonios y análisis. Esas personas han compartido con nosotros la espantosa situación y la terrible crisis humanitaria de quienes se han visto más afectados por esta guerra, a saber, los habitantes de Ucrania, las mujeres y los hombres que buscan arriesgadamente la supervivencia en las ciudades asediadas, en las comunidades rurales amenazadas; los desplazados internos y los refugiados, entre los que se cuentan multitud de menores y ancianos; los innumerables emigrantes no ucranianos y los refugiados que se enfrentan al racismo en su huida de Ucrania.

El MSC condena enérgicamente esta guerra y se solidariza con todas sus víctimas. Tememos por la vida de nuestros hermanos y hermanas en Ucrania, lloramos con los refugiados, ¡queremos que esta guerra se detenga inmediatamente!

También tememos por nuestros hermanos y hermanas de Rusia y Bielorrusia afectados por esta guerra, en particular por quienes piden el fin de esta guerra y se enfrentan a la represión.

Agradecemos profundamente las numerosas acciones de solidaridad de la sociedad civil y de las organizaciones campesinas de los países vecinos, que actúan en colaboración con las instituciones públicas para recibir, acoger y apoyar a cientos de miles de refugiados y comparten con ellos lo que más necesitan ahora mismo: alimentos, hogares, seguridad, esperanza.

Al mismo tiempo, subrayamos nuestra solidaridad con todos los civiles afectados por todas las guerras, conflictos armados y prolongados en todo el mundo. La guerra contra Ucrania sirve de recordatorio para que el CSA no olvide todas las demás guerras, los conflictos armados, las ocupaciones y las sanciones en curso, que conducen a la inseguridad alimentaria y a la violación de los derechos humanos de la población civil, como hemos visto en el Yemen, en Palestina y en tantos otros lugares, donde millones de personas se enfrentan a situaciones similares a las que estamos viendo ahora en Ucrania. En el CSA ya hemos debatido acerca del terrible sufrimiento de la población civil que se ve abocada al hambre y la malnutrición generadas por los conflictos armados, el colapso económico y el aumento de los precios de los alimentos.

Por lo tanto, la guerra en Ucrania debe detenerse inmediatamente. Pedimos la paz y un alto el fuego inmediato. Pedimos que se respete y aplique plenamente el derecho internacional humanitario. La comunidad internacional debe apoyar a las víctimas de esta guerra con todos los medios necesarios para garantizar sus derechos humanos, en particular su derecho a la alimentación, la vivienda y la salud. Los alimentos no deben utilizarse como armas. Los presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad deben ser investigados.

La plena protección de todos los derechos humanos es uno de los pilares fundamentales de las Naciones Unidas. Este principio también nos une en el CSA y, como organizaciones de la sociedad civil y de los pueblos indígenas, en todo el mundo. Todas las obligaciones derivadas del derecho internacional de los derechos humanos deben aplicarse plenamente, como hemos exigido sistemáticamente en el CSA, y ello comprende las situaciones de guerra, conflicto y ocupación.

La evaluación del MSC sobre la aplicación del Marco de acción para la seguridad alimentaria y la nutrición en crisis prolongadas (MA) ha dejado claro que el Marco es muy poco conocido y aplicado. Los Estados miembros del CSA deberían adherirse inmediatamente al MA, un marco político clave desarrollado por el Comité que orienta los enfoques integrales en materia de seguridad alimentaria en situaciones de guerra, conflictos armados, ocupación y otras crisis prolongadas.

Poner fin a esta guerra ahora también terminará con la posibilidad de que surja un nuevo estrato en la crisis alimentaria mundial, sumada a los conflictos ya existentes y, en particular, a las repercusiones duraderas de la pandemia de COVID-19 en la situación socioeconómica de miles de millones de personas, así como a los efectos cada vez más profundos de la crisis climática. Es muy incierto precisar cuánto podrán producir los agricultores ucranianos en las tierras altamente fértiles del país este año, debido a la actual destrucción masiva del medio ambiente y de las infraestructuras causada por la guerra. La escasez de alimentos y el fuerte aumento de los precios de los mismos ya afectan a la población del país, pero también se observan ya profundos efectos en todo el mundo.

La guerra se basa en una crisis sistémica que ya conocíamos demasiado bien y profundiza en ella. Las desigualdades estructurales preexistentes dentro de los países y entre ellos, que han generado hambre, malnutrición y pobreza durante décadas y generaciones, se están exacerbando.

El mundo no puede seguir así. La gente no lo soporta más. Los gobiernos y las Naciones Unidas deben reconocer la inestabilidad global que se produce cuando se siguen ignorando las demandas y los esfuerzos de las sociedades civiles por la paz, la igualdad, los derechos humanos, la soberanía alimentaria y la transformación agroecológica con cadenas de suministro cortas para sistemas alimentarios resilientes. Nos preocupa mucho cómo se prioriza la agenda corporativa en su lugar, y creemos que el primer punto del orden del día de hoy ha sido un claro ejemplo de ello.

La nueva crisis, al igual que la pandemia, es otra llamada de atención para cambiar los paradigmas y las políticas. Los gobiernos y las Naciones Unidas tienen la enorme responsabilidad y el poder de escuchar y responder a estas exigencias, en primer lugar, para detener la guerra inmediatamente y aumentar los esfuerzos para que cesen todos los conflictos armados, las ocupaciones y las sanciones políticas y para identificar sistemáticamente las causas de fondo y abordar las crisis medioambiental, climática y de desigualdades.

El CSA se reformó en respuesta a la última crisis mundial de los precios de los alimentos, que tuvo lugar en 2008. Concretamente, sugerimos que, como principal plataforma internacional e intergubernamental incluyente en materia de seguridad alimentaria y nutrición, el CSA debe contribuir sustancialmente a abordar estos efectos en consonancia con su mandato.

Sobre la base del trabajo construido a lo largo de los años desde 2009, el CSA puede y debe desempeñar su papel para fomentar la conexión entre las personas más amenazadas, la seguridad alimentaria y la nutrición, la paz, los derechos humanos y la necesaria transformación profunda hacia sistemas alimentarios más equitativos y sostenibles. ¡En paz!

https://youtu.be/eaocP-xLrjg
Paula Gioia from La Via Campesina and the Civil Society and Indigenous Peoples’ Mechanism Advisory Group presented this preliminary statement during the CFS Advisory Group and Bureau Meeting held on 18 March 2022.
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