Transcripción
CSA 52 PUNTO II DEL ORDEN DEL DÍA | Respuestas políticas coordinadas a la crisis alimentaria – El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2024 INTERVENCIÓN DEL MSCPI Lisa Shahin, integrante del Comité de Coordinación del MSCPI que facilita la participación de la subregión de Asia Occidental | Grupo Árabe para la Protección de la Naturaleza | Red Árabe para la Soberanía Alimentaria Este último año, hemos presenciado el uso del hambre como arma de guerra a plena luz del día, mientras tenía lugar un genocidio ante nuestros ojos. Además de los bombardeos indiscriminados, la ocupación israelí ha atacado el sector agrícola de Gaza hasta destruir más del 80 % de los sistemas alimentarios locales. Han bloqueado la entrada a la ayuda, a los alimentos, al agua. Se ataca y asesina a agricultores y agricultoras junto a sus familias. Las tierras y el agua están siendo envenenadas con fósforo blanco. La soberanía alimentaria palestina está siendo arrancada de raíz. Gaza está viviendo el brote más rápido de hambruna desde las guerras mundiales. Pero quiero dejar clara una cosa: todo esto no empezó el pasado mes de octubre. De hecho, no es más que una intensificación de una estrategia prolongada y sistemática de castigo colectivo, limpieza étnica y uso de la alimentación como arma.
Del mismo modo, en el Líbano, la ocupación israelí ha redoblado su ataque a las tierras agrícolas, empleando una política de tierra quemada y arrasando con todo a su paso: cultivos, ganado, infraestructuras, etc.
En Yemen, la suspensión de la mayor parte de la ayuda alimentaria ha sumido a 17 millones de personas en una inseguridad alimentaria grave al nivel de una crisis.
En Sudán, más de la mitad de la población padece niveles críticos de hambre. En el Congo, 23,4 millones de personas hacen frente a una inseguridad alimentaria al nivel de una crisis o una emergencia, cifra que equivale a la suma de todos los habitantes de Nueva York, Londres, París y Roma.
Y aun así, se nos sigue pidiendo que seamos “diplomáticos” y que evitemos mencionar este genocidio o cualquier otro conflicto en nuestros debates. Ahora bien, ¿qué se ha conseguido siendo “diplomáticos”? El resultado ha sido la impunidad, la derrota sistemática de las personas, del derecho internacional y del derecho a la alimentación. No podemos seguir ignorando ni silenciando las causas estructurales de la situación actual: el colonialismo de asentamiento, la ocupación, las guerras y las crisis prolongadas.
Y lo que es peor: los Estados miembros continúan ignorando sus obligaciones extraterritoriales y son cómplices del genocidio conforme al derecho internacional humanitario al financiar, armar y azuzar la guerra del hambre en Gaza.
Tenemos las Directrices sobre el Derecho a la Alimentación y el Marco de acción en crisis prolongadas, ambos textos aprobados por los Estados miembros en este Comité. Sin embargo, la voluntad política para hacer valer esos compromisos ha sido escasa o directamente nula.
Nosotros, nosotras, al ser las comunidades más afectadas, no guardaremos silencio ante la inacción e impunidad de todos ustedes. Exigimos que se ponga fin al genocidio y al uso de los alimentos como arma. Exigimos a los Estados miembros que adopten medidas contundentes. Recordemos que el CSA se reformó en 2009 en respuesta a una crisis alimentaria mundial para luchar contra la fragmentación de las medidas adoptadas. Pero hoy volvemos a vernos —o seguimos viéndonos— en una crisis alimentaria mundial grave y multidimensional, y este Comité tiene que hacer su trabajo. La coordinación de las respuestas de política no ha sido nunca tan necesaria como ahora: está en juego la credibilidad de todo el sistema de las Naciones Unidas. El CSA es el espacio más legitimado para cumplir ese objetivo gracias a su inclusividad —en particular, de las personas más afectadas—, su marco de derechos humanos y las bases empíricas aportadas por el GANESAN.
Por ese motivo, recibimos con agrado el informe resumido sobre la línea de trabajo de “Gobernanza colaborativa para ofrecer respuestas políticas coordinadas a las crisis alimentarias mundiales incipientes”. Esta línea de trabajo sirve de plataforma para que el CSA mantenga el contacto con otros espacios de las Naciones Unidas con los que hay que colaborar para encontrar soluciones a las causas subyacentes de las crisis alimentarias, tendiendo puentes entre Roma, Ginebra y Nueva York. Entre los temas principales propuestos en el informe resumido como objeto de atención de próximas reuniones, las prioridades del MSCPI son: crisis prolongadas y consolidación de la paz; cargas de deuda (en conexión con la Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo de 2025); comercio y superación de la dependencia de las importaciones de alimentos; y cambio climático y biodiversidad (en colaboración con las COP de Río). Insistimos en la necesidad de proporcionar servicios de interpretación para esta línea de trabajo, puesto que se pretende dar prioridad a la voz de los países y sectores más afectados, grupos a los que precisamente no cabe exigir que se expresen en inglés.
Como siempre, el MSCPI trae al CSA las ‘voces desde los territorios’ de nuestros sectores: agricultores/as a pequeña escala y organizaciones campesinas, pastoralistas, pescadores/as artesanales, pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, trabajadores/as del sector agrícola y alimentario, consumidores/as, comunidades sin tierra y comunidades urbanas en situación de inseguridad alimentaria. En nuestras reuniones de estos últimos días, hemos compartido los problemas transversales e interseccionales a los que nos enfrentamos y las soluciones que proponemos. Hemos denunciado el conflicto y la violencia en todas sus formas, incluida la violación de derechos de trabajadores, pueblos indígenas y otros sectores. Hemos denunciado las repercusiones específicas para las mujeres del uso de la comida como arma, ya que son las proveedoras principales de alimentos para sus familias y comunidades. Hemos denunciado la presión ejercida, con las empresas a la cabeza, para ‘modernizar’ nuestra producción de alimentos, promoviendo una agricultura industrial orientada a la exportación, en vez de la soberanía alimentaria de nuestros pueblos. Hemos dado la voz de alarma sobre la expansión urbana insostenible. Hemos intercambiado experiencias sobre las consecuencias del cambio climático y la necesidad de promover nuestros principios agroecológicos campesinos. Para nosotras, la tierra, los océanos, los ríos, los bosques, las semillas y toda la naturaleza son la base misma de la vida, pero también son recursos en disputa. El acaparamiento de tierras y mares y la distribución desigual de la tierra son las causas primordiales del aumento de la inseguridad alimentaria. Por lo tanto, acogemos con beneplácito y nos sumamos a la propuesta de Colombia de organizar una segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, en el marco del compromiso para la realización del derecho a la alimentación, para seguir avanzando en la adopción de productos del CSA como las DVGT.