Robert Arcidiacono (Australia / Alianza Australiana por la Soberanía Alimentaria), miembro del Comité de Coordinación, efectuó la siguiente declaración durante la Plenaria.
Declaración pronunciada por Robert Arcidiacono (Australia/Alianza Australiana por la Soberanía Alimentaria) durante la sesión sobre “Creación de sistemas alimentarios resilientes para la seguridad alimentaria y la nutrición” de la Plenaria del CSA 53 el 22 de octubre de 2025.
Buenos días. Gracias, señora Presidenta, por permitirme compartir la reflexión del MSCPI en torno al informe del GANESAN sobre “Creación de sistemas alimentarios resilientes” y las prioridades del MSCPI de cara al proceso de convergencia de políticas. Me llamo Robert Arcidiacono y soy punto focal de la región de Australasia del MSCPI. Antes de empezar, vaya desde aquí mi reconocimiento a los custodios tradicionales de la tierra de la que provengo, los pueblos Turrabul y Yaggera, y permítanme que presente mis respetos a los antepasados de estos pueblos tanto del pasado, como del presente y el futuro. Esta línea de trabajo del CSA es de suma importancia para el MSCPI, ya que las voces de las personas integrantes de este mecanismo, que son quienes cuidan de la tierra y las vías de agua, sobre la base de la soberanía alimentaria y las economías sociales y solidarias, son esenciales para alimentar al mundo y garantizar los “sistemas alimentarios resilientes”. Abundamos también en los comentarios de Alison Blay-Palmer, jefa del equipo de redacción, sobre que esta línea de trabajo está dedicada a la gente sobre el terreno, y el MSCPI espera que se dé prioridad a esas voces en este próximo proceso.
Acogemos con agrado este informe y felicitamos al equipo del proyecto por su excelente labor. Tal y como se destaca en el informe, es vital dejar atrás la idea de “volver a lo de antes”, ya que podría suponer la preservación del statu quo. En cambio, vemos con beneplácito la atención que dedica el informe a la “resiliencia equitativa transformadora” y entendemos que implica afrontar la realidad mirando hacia el futuro y centrándonos en la equidad y la justicia. Se reconoce en el informe que la vulnerabilidad procede de las desigualdades estructurales y se promueve un enfoque sistémico que conecte la alimentación con el medio ambiente, la salud y la protección social. No cabe entender estas interconexiones sin reconocer que la transformación es intrínsecamente política y exige hacer frente a los desequilibrios de poder. Por lo tanto, necesitamos decisiones políticas deliberadas, una fuerte regulación pública y distintas formas de solidaridad que pongan en tela de juicio la acumulación y la dominación.
El informe SOFI hace hincapié en que los enfoques dominantes sobre los sistemas alimentarios están fallándole a la gente y al planeta. La pandemia de COVID-19 expuso también la fragilidad de este sistema dominante, ya que ha quedado demostrado que la fuerza de las cadenas de suministro globalizadas no es superior a la de su eslabón más débil. Si se rompe un solo eslabón, todo se desmorona. En cambio, la resiliencia de los sistemas alimentarios agroecológicos diversificados y basados en lo local, construidos sobre “redes alimentarias” de agricultores y comunidades, ha sabido adaptarse y, en muchos casos, prosperar. Agricultores y agricultoras a pequeña escala, los Pueblos Indígenas y las redes comunitarias bascularon con rapidez hasta mantener el acceso a alimentos y proteger medios de vida a través de la solidaridad comunitaria y el acortamiento de las cadenas de suministro. Estos sistemas alimentarios localizados ponen de manifiesto que la resiliencia se construye sobre cimientos ecológicos, sociales y territoriales, y dejan patente la capacidad de obrar con autonomía de agricultores y agricultoras a pequeña escala, pastoralistas, pescadores y pescadoras, Pueblos Indígenas, trabajadores y trabajadoras del sector agrícola y alimentario, personas sin tierra, mujeres y jóvenes, que son quienes producen la mayor parte de los alimentos del planeta.
Tal y como se señala en el informe, los sistemas alimentarios resilientes deben girar en torno a la agroecología. La agroecología, la soberanía alimentaria y las economías solidarias redistribuyen el poder y crean resiliencia desde abajo. Encarnan la reciprocidad, los cuidados y la gobernanza colectiva, centrándose en productores y productoras a pequeña escala, Pueblos Indígenas, mujeres y jóvenes como agentes de transformación. Asimismo, debemos reconocer que las mujeres acarrean la carga principal del trabajo de cuidados no remunerado: los enfoques para la resiliencia deben abordar estos desequilibrios de género. A diferencia de los enfoques descendentes y basados en el mercado, la agroecología no entiende la resiliencia como una adaptación a la crisis, sino que la redefine como una emancipación de la dependencia del sistema al promover la justicia ecológica, la igualdad de género y la democracia alimentaria como las bases de una transformación sostenible y centrada en las personas.
En definitiva, ¿qué implica todo esto para las acciones normativas tangibles y viables en favor de los sistemas alimentarios resilientes? Para crear resiliencia, tenemos que dejar de buscar parches tecnológicos mágicos y empezar a implantar cambios estructurales en el sistema alimentario. Necesitamos tecnología, por supuesto, pero ante todo debe estar al servicio de personas y comunidades. Tenemos que hacer frente a la dominación de las instituciones financieras y a la dependencia de la deuda en el Sur Global, al uso de los alimentos como arma de guerra y a la apropiación y mercantilización de los bienes comunes: la tierra, el agua, las semillas, el empleo y los conocimientos.
En conclusión, crear sistemas alimentarios resilientes implica rechazar la quimera de que se pueda volver a “lo normal”, puesto que esa normalidad es precisamente la que ha provocado la situación actual. Se trata de mirar hacia adelante, hacia soluciones transformadoras, con políticas públicas que giren en torno a los derechos y la equidad. Solo así la resiliencia podrá liberar a los pueblos, proteger el planeta y garantizar el derecho a la alimentación de todo el mundo.
- Informe de la 53ª Sesión Plenaria del CSA
- Informe del GANESAN sobre “Creación de sistemas alimentarios resilientes”

