Viñeta de Nando Motta

El 50.º período de sesiones fue secuestrado por intereses geopolíticos y robado por gobiernos que quieren paralizar el Comité.

El 50.º período de sesiones plenarias del CSA finalizó en la noche del 13 de octubre sin una conclusión adecuada. Se dedicaron horas y horas de la esperada negociación intergubernamental a tratar de encontrar un compromiso en una batalla de palabras entre dos bloques geopolíticos. Se perdieron horas que debían haberse dedicado a encontrar una solución a la crisis alimentaria mundial sistémica; mientras tanto, sigue muriendo un número creciente de personas debido al hambre, el cambio climático y las desigualdades entre personas y países.

El CSA se reformó hace casi 15 años para dar prioridad y voz a las personas más afectadas por la inseguridad alimentaria. Pero sus voces no han sido escuchadas. El 50.º período de sesiones plenarias del CSA se abrió con un segmento ministerial de un día de duración destinado a debatir cómo coordinar una respuesta de políticas a la crisis alimentaria mundial y de los precios de los alimentos. En muchas intervenciones se reiteraron las intenciones de no dejar a nadie atrás, y se recalcó la necesidad y el mandato del CSA de actuar urgentemente. El MSCPI presentó las pruebas de nuestros sectores en todas las regiones, que muestran un fuerte aumento de las desigualdades y señalan las cuestiones estructurales interconectadas que consolidan y perpetúan la crisis alimentaria y de los precios de los alimentos, como la deuda, la dependencia de las importaciones de alimentos y las normas injustas de comercio e inversión.

Todo esto fue ignorado. En la sesión plenaria no se debatió lo que debería hacer el Comité para afrontar la crisis alimentaria mundial desde ahora hasta el 51.º período de sesiones del CSA en octubre de 2023. En lugar de ello, el debate se quedó encallado, tratando de acomodar una redacción aceptable sobre la guerra y las sanciones. Si bien la embajadora sudafricana hizo todo lo posible para que el Grupo de amigos de la presidencia llegara a una conclusión, la controversia geopolítica protagonizada por Rusia y los Estados Unidos impidió cualquier acuerdo.

“Cuando los elefantes luchan es la hierba la que es pisoteada”. El llamado texto de compromiso presentado sobre la respuesta a la crisis ignoró la esencia de la propuesta del MSCPI de elaborar una orientación de políticas coordinada en el plano mundial para afrontar las crisis alimentarias. Esta propuesta de compromiso evita cualquier debate sobre la propuesta del MSCPI y se limita a adornar el texto que se había acordado en la Mesa. La propia sesión plenaria, el órgano soberano de gobierno del CSA, debe dedicar tiempo a debates significativos y a una decisión exhaustiva sobre la función del CSA en la respuesta a las crisis.

Este bloqueo no se debe únicamente a cuestiones geopolíticas. Volvimos a comprobar la rapidez con la que Rusia y los Estados Unidos se alinean cuando se trata de socavar la función del CSA. Parece evidente que ambos países preferirían ver un CSA debilitado, incapaz de abordar cuestiones relevantes como los derechos humanos, el comercio o la transformación de los sistemas alimentarios. Otros países agro-exportadores, como el Brasil y la Argentina, están en la misma línea. Y los Estados miembros de la Unión Europea, aunque abiertos a un papel activo del CSA en la respuesta a la crisis, no intervinieron lo suficiente para evitar el bloqueo geopolítico. Está claro que los países más poderosos no tienen ningún interés en afrontar las crisis, ya que esto cambiaría el statu quo y pondría en peligro el sistema alimentario y económico dominante. En el lado opuesto, los Estados miembros de África y América Latina, así como el Relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, apoyaron firmemente la necesidad de una respuesta de políticas coordinada a nivel mundial y dirigida por el CSA.

El mandato del CSA está siendo atacado de manera aún más amplia. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) se están perfilando como los principales organismos de las Naciones Unidas responsables de responder a las crisis, pero tienen un alcance limitado y adoptan enfoques problemáticos como el de vincularlas a los resultados de la cuestionada Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios. El Grupo de respuesta a la crisis mundial de las Naciones Unidas se está posicionando como el esfuerzo legítimo para una respuesta coordinada. No obstante, este Grupo se estableció para compartir información; no es el espacio con el mandato para las deliberaciones intergubernamentales y la coordinación entre organismos. Necesitamos urgentemente un debate anclado en un enfoque de derechos humanos y en principios democráticos que permitan a los países y sectores más afectados participar en la definición de las respuestas.

Dada la creciente urgencia de las crisis alimentarias en muchos países, exigimos con firmeza que los Estados miembros actúen con determinación. Hacemos un llamamiento a los gobiernos para que entablen un diálogo inclusivo dirigido por los miembros con el fin de debatir un enfoque para una orientación de políticas mundial y coordinada para prevenir futuras crisis, y presentarlo en el 51.º período de sesiones del CSA.

No se puede ni se debe abusar del espacio del CSA para provocar enfrentamientos en cuestiones de seguridad. El mandato del CSA es coordinar una respuesta a la alarmante inseguridad alimentaria en el mundo, sobre la base del derecho humano a una alimentación adecuada. El CSA tiene el mandato y la obligación de actuar ahora.

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