Roma, Italia. 6 de diciembre de 2021 – Cientos de organizaciones agrupadas en el espacio del Mecanismo de la Sociedad Civil y de los Pueblos Indígenas (MSC) critican la falta de ambición de las Recomendaciones Políticas sobre Enfoques Agroecológicos y otros Enfoques Innovadores que fueron aprobadas recientemente por el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de la ONU. Tras un proceso de consulta interno e inclusivo, los sectores del MSC concluyeron que las recomendaciones políticas no orientan la profunda y urgente transformación de los sistemas alimentarios industriales que la humanidad necesita, si se quiere evitar las peores consecuencias de las crecientes y entrelazadas crisis alimentaria, climática y de salud pública.

A pesar de los esfuerzos del Relator del proceso por promover justicia e inclusividad, la modalidad en línea de las negociaciones y la construcción de consensos bajo presión condujeron a resultados no equitativos, ya que algunos debates se cerraron prematuramente y las desigualdades en términos de participación no se abordaron adecuadamente. Delegaciones del Sur tuvieron dificultades en participar por problemas de conectividad, falta de traducción o escasa capacidad en comparación con los países del Norte Global. “Acabamos teniendo sesiones sin interpretación. Esto supuso una grave barrera estructural que dificultó la participación de muchos delegados y Estados miembros del MSC”, escribió el Grupo de Trabajo sobre Agroecología del MSC en su evaluación colectiva de las recomendaciones políticas.

Aunque contienen referencias a instrumentos que exigen la protección de las comunidades vulnerables y la biodiversidad -por ejemplo, los 10 elementos de la agroecología de la FAO y los 13 principios de la agroecología del Grupo de Expertos de Alto Nivel (GANESAN)-, las recomendaciones políticas no proporcionan un adecuado marco normativo que guie eficazmente el cambio urgentemente necesario en los sistemas alimentarios industriales. Por el contrario, las recomendaciones políticas parecen normalizar un statu quo en términos de poder y recursos en el que los intereses de un grupo de dominantes  actores y países exportadores de productos agroalimentarios están bien protegidos, dejando atrás a las y los productores de alimentos de pequeña escala y a los países de bajos ingresos con déficit alimentario.

Una de las deficiencias más evidentes de  las recomendaciones políticas es que no reconocen, priorizan ni transversalizan los derechos humanos. Instrumentos internacionales clave como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y Otras Personas que Trabajan en Zonas Rurales (UNDROP), la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (UNDRIP) no marcan la dirección del documento, a pesar de ser esenciales para las vidas y los medios de subsistencia de muchos grupos sociales y comunidades que luchan por sobrevivir y lograr economías de bienestar. La resistencia de algunos actores a incluir referencias adecuadas a la realización de los derechos de las mujeres – incluida la Recomendación General 34 de la CEDAW sobre los derechos de las mujeres rurales- es profundamente preocupante. El MSC considera inaceptable que en 2021 tengamos que seguir exigiendo que se incluya el reconocimiento y la afirmación de estos derechos en un documento de la ONU. El hecho de que sólo se hayan incluido en el preámbulo y no en las propias recomendaciones debilita la fuerza normativa del documento.

Además, las recomendaciones políticas socavan el potencial transformador de la agroecología. Sitúan a la agroecología al mismo nivel que otros enfoques denominados “innovadores” que, en el mejor de los casos, no han sido probados y, en el peor, son insostenibles, y que preservan o profundizan la desigualdad, la explotación y los desequilibrios de poder que  sustentan el actual sistema agroalimentario. El documento no reconoce los impactos sociales, económicos y ambientales del sistema agroalimentario industrial y llega a incluir recomendaciones antagónicas a la agroecología que ignoran los conocimientos ancestrales de las comunidades indígenas y campesinas.

La agroecología es una forma de salir de la dependencia de insumos externos. El hecho de que la optimización del uso de plaguicidas forme parte de las recomendaciones socava no sólo las luchas de los sectores del MSC para defender la salud, los medios de vida y la supervivencia de las comunidades campesinas, la agricultura familiar, los Pueblos Indígenas, los trabajadores agrícolas y otras/os productoras/es de alimentos a pequeña escala que han practicado la agroecología durante siglos, sino que también contradice los acuerdos existentes de la ONU, los marcos políticos y las directrices acordadas sobre la gestión de plaguicidas y productos químicos. Estas directrices sobre plaguicidas priorizan claramente, en primer lugar, la reducción de la dependencia de los plaguicidas.

El MSC teme que las contradicciones consagradas por las recomendaciones políticas sean reflejo de una tendencia más profunda e insidiosa en la que los espacios de las Naciones Unidas se han abierto demasiado a la agenda de la agricultura industrial corporativa que promueve un sistema de comercio, inversión y finanzas globalizado y dominado por las empresas que beneficia al diez por ciento del mundo, pero que causa estragos en nuestro planeta y en la mayoría de la población mundial. Ejemplos evidentes de esta tendencia son la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de la ONU, cuya agenda y seguimiento están influenciados por instituciones de múltiples partes interesadas que agrupan a algunas de las empresas transnacionales y grupos filantrópicos más poderosos del mundo; así como el acuerdo de asociación estratégica de la FAO en 2020 con CropLife International, una organización que representa los intereses de los mayores grupos agroquímicos del mundo como Syngenta, Bayer-Monsanto y BASF.

En este contexto y como también se vió durante las negociaciones de las Directrices Voluntarias sobre Sistemas Alimentarios y Nutrición, el CSA se encuentra en una encrucijada. El MSC está dando la voz de alarma y pidiendo a los Estados miembros y a otros participantes del CSA que garanticen que los futuros procesos políticos protejan mejor a las personas y sus derechos, especialmente a las y los más afectadas/os por las desigualdades globales, el hambre y las crisis ambientales, y que ofrezcan una orientación clara e inequívoca hacia sistemas alimentarios saludables y equitativos.

En 2022, cuando el CSA se reúna nuevamente para negociar las Recomendaciones sobre políticas para promover la participación y el empleo de los jóvenes en la agricultura y los sistemas alimentarios, así como las Directrices voluntarias sobre la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, el MSC exige encarecidamente que los Estados Miembros aborden la agroecología, los derechos humanos y la participación de la sociedad civil y los pueblos indígenas de una manera diferente, holística, con mas cuidado y ambición.

Contacto con los medios de comunicación:

Marion Girard Cisneros | Responsable de comunicación | marion.girard.cisneros@csm4cfs.org  

Recursos:

Ver la sesión informativa organizada el 6 de diciembre de 2021 por el MSC para dar a conocer su posicionamiento

Descargar este comunicado en PDF

Twitter
Contactos
Twitter
Contactos

Privacy PolicyCookie Policy

Csm4cfs © 2022. Website by Marco Principia

to top
Llamamiento a la acción
Participa en la movilización de los pueblos

Para denunciar y oponerse a la Cumbre de la ONU sobre sistemas alimentarios

¿Te apuntas?