Organizaciones de la sociedad civil y Pueblos Indígenas piden un mundo libre de violencia sexual y de género y de cualquier tipo de discriminación para lograr la seguridad alimentaria y la nutrición para todas las personas

Roma, 27 de abril de 2022. En el contexto del proceso de las negociaciones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de las Naciones Unidas sobre las Directrices voluntarias sobre la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas en el contexto de la seguridad alimentaria y la nutrición que comienza en mayo, representantes de organizaciones de la sociedad civil y de los Pueblos Indígenas celebraron una reunión informativa pública en la que destacaron la urgencia de contar con unas directrices voluntarias que permitan erradicar la violencia sexual y de género y cualquier tipo de discriminación con el fin de lograr la seguridad alimentaria y la nutrición para todas las personas. 

Los derechos de las mujeres, las niñas y las personas LGBQTI son interdependientes e indivisibles con respecto a sus derechos a la alimentación, la salud, la tierra y otros recursos naturales, el agua, el trabajo y el empleo dignos y la libre determinación. En ese sentido, las personas intervinientes del MSCPI compartieron experiencias que muestran el largo camino que hay que recorrer para que las desigualdades y la discriminación por razón de género dejen de ser un factor restrictivo para lograr el derecho a la alimentación, y hablaron de cómo se podría hacer frente al contexto actual mediante acciones clave.

«Tras la experiencia de la crisis de la COVID-19, ha llegado el momento de poner en marcha políticas públicas, instrumentos y marcos claros contra la violencia sexual y la discriminación basadas en el género. Es urgente hacer frente a la violencia estructural creada por el actual sistema económico, la guerra, los conflictos, las ocupaciones y la actual crisis climática, para garantizar el derecho a la alimentación de estas comunidades gravemente afectadas», explicó Glorene Das, directora ejecutiva de la organización sin ánimo de lucro Tenaganita, miembro de la Coalición de Mujeres Rurales de Asia, y una de las coordinadoras del Grupo de trabajo de mujeres y diversidad de género del MSCPI. 

Las directrices voluntarias también deben tener en cuenta los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres que viven en territorios ocupados y bajo regímenes particulares de tenencia de la tierra, y cómo estos impiden que se haga efectivo su derecho a la alimentación, además de dejar sin reconocer el papel que desempeñan en los sistemas alimentarios, tal como expresó Souad Mahmoud, de la Marcha Mundial de las Mujeres, quien añadió que «En un contexto de crecientes desigualdades, el acceso a recursos clave como el agua, la tierra, los bosques, las zonas de pesca y los pastizales es objeto de vulneraciones de los derechos humanos de las mujeres y los pueblos». 

Uno de los objetivos principales de las directrices, tal como se expresa en el borrador para las negociaciones, es apoyar a los Estados miembros y a otros agentes para erradicar el hambre, la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición. En ese sentido, la promoción y protección de los sistemas alimentarios de base local y los mercados territoriales es clave para lograr este objetivo. En palabras de Gertrude Kenyangi, de Support for Women in Agriculture and Environment en Uganda, «Para garantizar el empoderamiento económico de las mujeres, la gobernanza de los sistemas alimentarios debe basarse en los derechos humanos. Los sistemas alimentarios no pueden seguir reconfigurándose para satisfacer los beneficios privados, ni tampoco para centrarse únicamente en la productividad. Hay que proteger los mercados territoriales para que no se inunden de alimentos importados, especialmente en situaciones de conflicto, inestabilidad política y ocupación». 

La interseccionalidad es clave para dar un paso adelante en la lucha contra el racismo y hacer frente a las múltiples formas de discriminación interrelacionadas debidas a la casta, la etnia, la edad, la clase social, la religión, la identidad de género, la orientación sexual, la situación migratoria y las discapacidades que niegan el derecho a la alimentación de las mujeres, las niñas y las personas LGBQTI.

Vivian Motta, de la Asociación Brasileña de Agroecología, expuso que el racismo está teniendo repercusiones históricas y negativas en la vida de las mujeres racializadas, y afirmó que «Las mujeres nos estamos uniendo en colectivos de lucha, ocupamos los espacios de transformación, luchamos por cambiar el Gobierno y el Estado actuales por otros que apoyen a las mujeres; queremos construir un país y un territorio que reproduzca la vida y que reconozca a las mujeres como sujetos importantes y nuestro trabajo es fundamental para la protección de la sociedad. La sociedad que queremos valora la diversidad y a las mujeres y entiende que el trabajo de las mujeres es esencial para su permanencia».

Además, Paula Gioia, de La Vía Campesina, manifestó que «En todo el mundo, las personas LGBTIQ siguen sufriendo marginación con frecuencia y se les niegan sus derechos políticos y civiles, así como sus derechos económicos, sociales y culturales. La discriminación estructural lleva a muchas de ellas a vivir en un entorno de exclusión social en el que no se garantizan derechos básicos como la alimentación, la vivienda y la vida». Asimismo, pidió la inclusión y el reconocimiento explícito de la diversidad de género en las directrices voluntarias.

Finalmente, se expresaron las exigencias claras que deben abordarse en las Directrices voluntarias sobre la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas en el contexto de la seguridad alimentaria y la nutrición, si se pretende que tengan repercusiones reales en la vida de las personas en los territorios:

  1. Contar con un mundo libre de violencia sexual y de género y de cualquier tipo de discriminación.
  2. Incluir la perspectiva de interseccionalidad.
  3. Tener un sistema alimentario justo y sostenible centrado en el cumplimiento de los derechos humanos, con la agroecología como núcleo de nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana.
  4. Garantizar y proteger el derecho a la tierra y el acceso al agua y los recursos naturales para las mujeres, las niñas y las personas LGBTQI de los distintos sectores.
  5. Promover y fomentar los sistemas alimentarios de base local y los mercados territoriales.
  6. Incluir y reconocer de manera explícita la diversidad de género.

La primera ronda de negociaciones sobre las directrices voluntarias se celebrará del 4 al 6 de mayo. En el enlace que figura a continuación pueden consultarse  el calendario del proceso y el borrador para las negociaciones en seis idiomas diferentes. 

Los comentarios del grupo de trabajo de mujeres y diversidad de género del MSCPI sobre el borrador para las negociaciones, tal y como se presentaron durante la reunión de 21 de abril de 2022 del Grupo de trabajo de composición abierta (GTCA) del CSA pueden consultarse en este enlace.
Video de la sesión informativa pública

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