Los efectos devastadores de la pandemia de COVID-19 se basan en las crisis existentes y evitables en nuestros sistemas alimentarios, como el hambre y la malnutrición, la destrucción de los ecosistemas, la pobreza y la desigualdad, la injusticia de género, el patriarcado y el racismo, y las agravan. Han hecho ver, de forma cada vez más dramática, que la manera en que construimos, organizamos y gobernamos nuestros sistemas alimentarios determina quién puede y quién no puede satisfacer sus necesidades básicas, quién vive y quién muere. La crisis actual ha demostrado que se necesita urgentemente una transformación radical de los sistemas alimentarios. El MSC y sus miembros están luchando para asegurar que las lecciones de la pandemia se traduzcan en políticas de apoyo, desde el nivel local hasta la adopción de respuestas normativas globales en el CSA.

 

En medio de la pandemia, el MSC publicó documentos que recopilan pruebas del terreno de sectores y comunidades de todo el mundo, con informes específicos de las mujeres y la juventud. Estos atestiguaron la violencia que la COVID-19 y las medidas de contención de los gobiernos estaban ejerciendo sobre las personas marginadas, así como las amplias iniciativas de ayuda mutua y apoyo solidario que estaban poniendo en marcha. Durante los primeros seis meses de 2021 se produjo un agravamiento inaceptable del hambre y la malnutrición, a medida que la pandemia siguió extendiéndose, especialmente entre los países y grupos desfavorecidos. Al mismo tiempo, ellos han sido testigos del creciente potencial transformador de las prácticas y propuestas de las comunidades para afrontar la crisis y sus causas estructurales.

A pesar de la publicación de la nota del Grupo de alto nivel de expertos en seguridad alimentaria y nutrición (GANESAN) sobre los efectos de la COVID-19 en la seguridad alimentaria y la nutrición y el compromiso de un grupo de Estados miembros comprometidos y participantes del CSA, el Comité no ha podido acordar el inicio de una línea de trabajo específica para desarrollar una respuesta normativa global a la crisis. No obstante, el CSA, en su 47.º período de sesiones, aprobó un párrafo en el que: “pidió que prosiguieran las deliberaciones acerca de las repercusiones de la COVID-19 en los sistemas alimentarios, la agricultura y la nutrición y que se les prestara la debida atención, en todas las etapas de aplicación de las líneas del PTPA aprobado”.

El MSC se dirige una vez más a sus miembros para recopilar pruebas de cómo las comunidades y los movimientos están avanzando tanto con soluciones como con propuestas de políticas públicas que conduzcan a la realización del derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria, el derecho a la salud y economías basadas en la solidaridad y los cuidados.

El objetivo de esta acción colectiva, que comenzó con un seminario web del MSC celebrado el 31 de mayo de 2021, es:

1) estimular el compromiso y el intercambio entre los miembros del MSC sobre la promoción de cambios de políticas transformadores en el plano local y nacional;

2) demostrar que existen experiencias positivas en las que podemos basar nuestro trabajo en relación con las respuestas normativas globales;

3) contribuir a las iniciativas en el plano mundial que el MSC tiene previsto llevar a cabo, junto con los gobiernos y participantes comprometidos, de cara al 49.º período de sesiones del CSA en octubre de 2021, y a las contramovilizaciones en torno a la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios en julio y septiembre de 2021.

4) extraer lecciones de las respuestas de políticas de los sectores a la crisis de la COVID-19 para las negociaciones del CSA en curso.

 

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